Un Monumento en Tenerife para las víctimas de la catástrofe aérea del 27 de marzo de 1977

El monumento para las víctimas en Tenerife es una escultura que es una escalera de caracol, y, al mismo tiempo, una escalera de caracol que es una escultura. El tema es la espiral como símbolo de la eternidad.
La escultura no se reconoce inmediatamente como tal, pero tampoco es una escalera de caracol, porque no tiene esa función. No hay un pasamanos y la ‘escalera’ no sirve para subir y bajar. En definitiva, la escultura, de 18 metros de altura, no es lo que parece ser. Esta impresión es reforzada por una reja de 12 metros de altura a su alrededor. Esta reja transparente aísla la escultura y a la vez la protege.

Rudi van de Wint dijo en una ocasión: “Un monumento es admirado o aborrecido, pero un monumento es más que eso. El significado ritual de un lugar determinado es de gran importancia. Los monumentos son a menudo símbolos de anhelo, proyecciones de impotencia, de una mente humana postrada y de un drama universal. Están por encima de cualquier estética”.
Un monumento que contiene un anhelo de reconciliación o aceptación debe ser austero, porque el drama en sí no puede ser expresado en el arte. El arte sólo puede hacer una referencia sutil.

En un momento dado, la escultura parece moverse hacia arriba, pero de repente la forma de espiral de los escalones termina. Se puede ver como un final abierto, pero también como un movimiento infinito. Parece un movimiento incompleto, interrumpido bruscamente, como las vidas de las víctimas. Pero, tan alto en la montaña, la escalera tiene un contacto sutil con el aire, con el infinito cielo estrellado, como si lo rozara.